La ‘escuelita’ de superprofes que acompaña hacia el éxito a niños y jóvenes de Valladolid

En Valladolid, hay un rincón donde la solidaridad y la educación se dan la mano. La asociación Cadena de Sonrisas lleva años demostrando que, con dedicación y cariño, es posible cambiar el futuro de niños y jóvenes que necesitan un apoyo extra. Su proyecto estrella, bautizado cariñosamente como la «escuelita» por sus propios alumnos, reúne a voluntarios excepcionales —los «superprofes»— que dedican su tiempo y energía a guiar a estos chavales hacia el éxito académico y personal.

Imagina un lugar donde las paredes están decoradas con frases motivadoras como «Cuando hay oscuridad, se ven las estrellas», y donde cada tarde, entre libros y sonrisas, se forjan conexiones que van más allá de las lecciones. Aquí, Noelia, Víctor, Aurora y Jonathan ayudan a resolver problemas de matemáticas, repasan lengua o simplemente escuchan las preocupaciones de sus alumnos.

Los resultados son palpables. Wendy, de 14 años, lo dice con gratitud: «Es increíble lo mucho que nos han ayudado». Lucía, que empezó en segundo de Primaria y ahora cursa la ESO, asegura que su mejora se debe a ese acompañamiento constante. Y luego están historias como la de Geremy , que llegó siendo un niño con dificultades y hoy estudia un grado medio, o la de Basma, que ahora persigue un título universitario. Estos logros no son casualidad: son el fruto de horas de paciencia, refuerzo y, sobre todo, de creer en ellos cuando quizá otros no lo hacían.

Pero lo más inspirador es ver cómo el círculo se cierra. Muchos de estos jóvenes, como Ángela, sueñan ahora con dedicarse a la enseñanza para devolver lo recibido. «Me gustaría estudiar Educación Infantil», confiesa, mientras resume un texto sobre envejecimiento. Esa es la magia de Cadena de Sonrisas: no solo enseña contenidos, sino que siembra valores y devuelve la confianza a quienes más lo necesitan.

Los superprofes no llevan capa, pero tienen algo más poderoso: vocación y corazón. Trabajan dos tardes a la semana, dividiendo el tiempo entre deberes y actividades que enriquecen su formación integral. Y aunque son pocos —solo cuatro voluntarios para seis alumnos—, su impacto es inmenso. «Ojalá fuéramos más», dice Jonathan, consciente de que muchos otros niños esperan su oportunidad.

Este proyecto, sigue creciendo gracias al compromiso de personas que entienden que la educación es la mejor palanca contra la desigualdad. Y aunque los recursos sean limitados, el mensaje es claro: «El mundo no se mueve por las personas importantes, sino por todas aquellas que hacen algo por los demás». En Cadena de Sonrisas, cada voluntario es una estrella que ilumina el camino de estos jóvenes.